a alimentación ha sido entendida siempre desde la visión nutricional, como el medio para obtener los nutrientes que necesita el organismo para funcionar de una manera adecuada y garantizar unos estándares de salud correctos. También es entendida desde el punto de vista social, ya que en muchos de los eventos o actividades sociales de las que formamos parte, la comida tiene un papel importante. Sin embargo, dada la variedad actual de tipos de dietas que existen, surge la necesidad de plantearse qué otros impactos tienen nuestra alimentación, más allá de la nutrición.
En este artículo conoceremos el impacto ambiental de nuestra alimentación.
Alimentación, más allá de poner el alimento a disposición del cuerpo.
Cuando hablamos del proceso de alimentarse, nos referimos al acto de escoger un alimento. Pero no solo eso, sino además decidir cómo lo vamos a preparar (si es necesario lavarlo, si es necesario cocinarlo y cómo lo vamos a cocinar), decidir cómo lo vamos a comer. Y por supuesto necesitamos decidir cuándo lo vamos a comer (inmediatamente o más tarde…), y finalmente, llevarlo a la boca. Hasta ese punto, todas esas decisiones conforman lo que se conoce como el acto de alimentarse. Sin embargo, no debe confundirse con el acto de nutrirse.
Si bien, alimentarse es un acto voluntario, la nutrición es un acto totalmente involuntario en el que no podemos decidir nada. La nutrición empieza cuando el alimento entra en contacto con nuestra saliva y empieza a descomponerse en nutrientes que nuestro organismo aprovechará para sus funciones fisiológicas. Desde ese momento, no podemos decidir qué nutriente queremos absorber y qué nutriente no. Ni tampoco cuánta cantidad, ni mucho menos decidir cuándo utilizarlos.
Por ello, la alimentación es más que un proceso de selección o de decisión, es más que llevarse el alimento a la boca. Nuestra alimentación puede ser adecuada si escogemos alimentos ricos en nutrientes. Por el contrario, puede ser poco conveniente si además de escoger alimentos con una carga nutricional pobre, son ricos en grasas saturadas, azúcares o sal.
¿Cuál es el impacto ambiental de tu dieta?
El primer acto para alimentarse es saber escoger los alimentos. Independientemente de qué tipo de alimentación llevamos, la prioridad para que esta sea equilibrada y adecuada es que debemos escoger alimentos ricos en nutrientes naturales. Dicho esto, nuestra forma de alimentarnos puede tener un gran impacto ambiental en el planeta y por ello, hacer un buen uso de los recursos será fundamental para poner nuestro granito de arena en la lucha contra la emergencia climática.
Reducir el consumo de alimentos con mayor impacto ambiental
No todos los alimentos tienen el mismo impacto ambiental en la “salud” de nuestro planeta. Por ejemplo, los productos de origen animal suponen aproximadamente un 55% de las emisiones que genera la producción de alimentos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que una alimentación sostenible debe estar basada en alimentos sin procesar o mínimamente procesados. Además, debe predominar las verduras, frutas, cereales integrales, legumbres y frutos secos.
Alimentos de proximidad y de temporada
Los alimentos de proximidad son aquellos que se producen en nuestro entorno. Este tipo de alimentos contrasta con los conocidos como “alimentos viajeros”, que son aquellos que recorren miles de kilómetros para llegar a nuestros mercados. Todo ello con el consecuente impacto del transporte en el planeta. Por su parte, los alimentos de temporada son aquellos que se producen en una temporada concreta del año. Cuando los consumimos en ese momento podemos disfrutarlos en un estado nutricional óptimo. Entre los alimentos de proximidad encontramos las frutas y las verduras, pero también el pescado.
Evitar el desperdicio alimentario
Muchos de nosotros nos hemos encontrado con las siguientes situaciones: ha sobrado comida en el plato que acaba en la basura o se nos han caducado algunos alimentos en la nevera. Todo ello es desperdicio alimentario, Pero estos gestos tan habituales en algunos casos contribuyen a empeorar la emergencia climática. Y es que, según datos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), el desperdicio de alimentos supone un 7% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Para evitarlo, podemos utilizar estrategias como la de organizar bien nuestra nevera y despensa, con los productos con caducidad más próxima al frente. También podemos utilizar las “sobras” para elaborar nuevos platos.





