Trabajar durante años en cuidados paliativos le permitió a la australiana Bronnie Ware mantener un contacto muy próximo con personas que sabían de la cercanía de la muerte. En aquella situación se interesó por preguntarles por las cosas que hubieran hecho diferentes en sus vidas. Sus conclusiones fueron recogidas en un libro, Los 5 principales remordimientos de los moribundos (The Top Five Regrets of the Dying), en el que contaba su experiencia y la influencia que aquella gente tuvo en su visión de la vida desde entonces. Las cinco cosas más repetidas fueron:
- Ojalá hubiese tenido el coraje para vivir una vida auténtica por mí mismo, no la vida que otros esperaban de mí.
- Ojalá no hubiese trabajado tanto.
- Me hubiese gustado tener el coraje para expresar mis sentimientos.
- Lamento no haberme mantenido en contacto con mis amigos.
- Desearía haberme permitido ser más feliz.
Parece como si en esos momentos en los que se mira hacia atrás, muchas personas se dan cuenta de la gran cantidad de emociones negativas que nos acechan a diario y que, en muchas ocasiones, nosotros mismos alimentamos con nuestro comportamiento y acciones. Tristeza, miedo, enfado, ira,… El elemento que más batallas ha ganado al ser humano en la historia es el miedo, solía decir el filósofo norteamericano Emerson.
Descubrir nuestro para qué
En el interior de las personas habitan talentos, capacidades y energías que casi siempre permanecen dormidas. Y hacemos poco por despertarlas. ¿Para qué?, pueden llegar a pensar algunos. Pues esa es una de las claves precisamente, el para qué. Cada uno de nosotros debemos descubrir el nuestro. Y eso implica mirar en nuestro interior, trabajar en el autoconocimiento y el desarrollo personal. Conócete a ti mismo, frase que figura inscrita en la piedra del Templo de Apolo en Delfos (siglo V a.C.), nos indica que la inquietud del ser humano por mirar adentro haciéndose preguntas y buscando respuestas no viene de ahora.
Stephen Covey, escritor y profesor norteamericano, en su conocido libro “Primero lo primero” establece que las personas tenemos cuatro necesidades básicas: vivir, amar, aprender y dejar un legado. ¿Qué ocurre cuando no ponemos primero lo primero? Pues que sufrimos un desequilibrio emocional o existencial. Basta con recordar en este punto el alarmante incremento de la población mundial que se ve afectada por patologías relacionadas con trastornos mentales, especialmente en los llamados países desarrollados.
Claves para establecer las prioridades
¿Cómo podemos poner primero lo primero? Para responder a esta pregunta S. Covey nos da las siguientes pautas:
1. Conectar con tu visión y misión. Para ello responde a estas preguntas:
• 3 ó 4 cosas que son “lo primero” en tu vida
• ¿Qué metas quieres conseguir a largo plazo?
• ¿Cuáles son las relaciones más importantes de tu vida?
• ¿Qué contribución te gustaría hacer a esas personas?
• ¿Qué sentimientos deseas experimentar en tu vida, en tus relaciones: paz, confianza, alegría, etc.?
2. Identificar tus roles. Representan nuestras necesidades. Si no les dedicamos tiempo, dejamos espacios vacíos en nuestra vida y, en consecuencia, sufrimos.
3. Asignar metas/objetivos a cada rol.
• ¿Qué necesitas hacer esta semana para lograr el mayor impacto positivo en ese rol?
• Identifica el rol y la necesidad que tienes que cubrir para ser coherente con esa prioridad a la que te gustaría dedicarle más tiempo o energía?
• ¿Qué necesitas hacer esta semana para lograr el mayor impacto positivo en ese rol y cubrir la necesidad insatisfecha? ¿Cuándo lo vas a hacer?
4. Organizar semanalmente tus objetivos. Prioriza, delega, planifica.
5. Ejercicio de integridad (diario). Dedica 5 minutos todas las mañanas para conectar con tu brújula interior y revisar tus objetivos diarios, te ayudará a dirigir tu día en vez de reaccionar o divagar.
6. Evaluar y preparar (semanal)
• ¿Qué metas lograste? ¿Cuidaste todos tus roles?
• ¿Con qué desafíos te enfrentaste?
• ¿Qué decisiones tomaste?, ¿mantuviste primero lo primero?





